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El desprestigio tumbó a Javier Lozano como vocero de Coparmex

Por Fermín Alejandro García

Gustavo de Hoyos Walther es un empresario bajacaliforniano que aspira a unir al PRI y al PAN, a todas las fuerzas conservadoras de este país, de la mano de la familia de Claudio X. González, para formar un frente amplio que le permita ser candidato presidencial en 2024 y frenar a los gobiernos de la 4T. Como parte de ese propósito, el presidente nacional de Coparmex nombró a Javier Lozano Alarcón como vocero especial de este sindicato patronal, pero a las pocas horas de hacerlo, se dio cuenta que había sido su peor error, ya que el desprestigio del político morenovallista está desbordado y esa situación en lugar de ayudar a su proyecto, lo iba a hundir.

Por esa razón el nuevo cargo de Javier Lozano apenas duró unas horas. Por la mañana lo nombraron y por la tarde, le retiraron el encargo. Eso es muestra de que su mala fama apesta todo lo que tiene contacto con él y ahora fue el turno de la Coparmex.

Y es que era de risa la nueva responsabilidad de Javier Lozano —un político poblano nacido en 1962 con un comportamiento mercenario que lo hace todo el tiempo moverse entre el PRI y el PAN— que consistía en ser “vocero especial” de Coparmex en la defensa del Estado de Derecho.

Resulta un despropósito nombrar a alguien como protector del Estado de Derecho luego de que en dos ocasiones –entre los años 2017 y 2019— perdió un juicio contra el ex gobernador y actual director de la Comisión Federal de Electricidad, Manuel Bartlett Díaz, y se negaba a cumplir el fallo judicial que lo obligaba a pagar 10 millones de pesos por los costes del litigio que él mismo había iniciado.

Al final, Lozano nunca pudo cumplir con el mandato judicial y Manuel Bartlett en un afán de civilidad política lo acabó perdonando y dejo que el monto a cubrir se redujera de 10 millones de pesos a 325 pesos.

Javier Lozano en lugar de cumplir con la sentencia, tal como lo tendría que hacer alguien que cree y respeta el Estado de Derecho en México, quiso utilizar las influencias de los exgobernadores Rafael Moreno Valle y Antonio Gali Fayad para que intervinieran ante los jueces que habían llevado el litigio y evitaran que pagara el monto de la sentencia. Los funcionarios del Poder Judicial involucrados en el caso no accedieron porque sabían que Manuel Bartlett no se iba a quedar de brazos cruzado si descubría un acto de tráfico de influencias.

La historia del periplo de Lozano en la Coparmex inició ayer por la mañana, cuando Gustavo de Hoyos escribió en sus redes sociales:

“Las decisiones del @GobiernoMX están comprometiendo la vigencia de las instituciones democráticas y republicanas. El debate es fundamental para evitar retrocesos. Agradezco a @JLozanoA se integre a este reto como Vocero Especial de @Coparmex para la defensa del Estado de Derecho”.

Ese anunció de inmediato se interpretó como una nueva fase del proyecto que ha venido construyendo el presidente nacional de Coparmex para buscar ser candidato presidencial en 2024, bajo la idea de que él puede ser el catalizador para unir al PRI, al PAN, a los empresarios, a las fuerzas conservadoras, en un proyecto que le permita a la derecha recuperar la presidencia de la República y frenar el avance de los gobiernos nacionalistas de la 4T.

Era como entrar ya a la etapa “ruda” en contra de la abierta oposición que tiene en contra del presidente Andrés Manuel López Obrador, al colocar a Lozano como vocero, pues es un personaje que se destaca no por ser un hombre de ideas o convicciones democráticas, sino por ser un provocador, un político pendenciero, mercenario y vulgar.

Para nadie es un secreto que el malestar de Gustavo de Hoyos y de otros empresarios es que dejaron de tener privilegios en el gobierno federal y que además, tienen un odio clasista en contra del líder de la 4T y en general contra toda la izquierda mexicana.

Sin embargo, trascendió que entre muchos afiliados de Coparmex, que representan a las empresas de mayor peso en el organismo, no les gustó la presencia de Javier Alarcón, pues su nombre está asociado a muchos escándalos de corrupción. Siendo el más famoso el que dio origen a la frase clásica de la política mexicana: “O copelas o cuello”.

Frase que surgió del empresario de origen chino Zhenli Ye Gon, quien denunció que en mayo de 2006 intentó ser extorsionado por Javier Lozano para que

aportara varios millones de dólares a favor de la entonces campaña presidencial del PAN, y que como no accedió, entonces en venganza el gobierno federal lo encarceló con cargo de delincuencia organizada en la modalidad de fabricación de drogas sintéticas.

Por eso en la noche, la Coparmex cambió de postura y emitió un comunicado indicando que su único vocero es Gustavo de Hoyos.
Todo indica que Gustavo de Hoyos al final demostró que es un aspirante a candidato presidencial muy bisoño.

Que le creyó a Javier Lozano la versión de que si lo incorporaba a su equipo lo iba a acabar convirtiendo no en candidato, sino en presidente de México.

Eso mismo pasó con Lozano en su relación con Felipe Calderón, con Francisco Labastida Ochoa, con Melquiades Morales Flores, con José Antonio Gali Fayad, con José Antonio Meade, con Martha Erika Alonso y con Rafael Moreno Valle Rosas. A todos ellos, políticos del PRIAN, en algún momento les vendió “espejitos” y todos lo acabaron echando o reduciendo en sus funciones, pues siempre le acompaña el escándalo y el fracaso en sus empresas políticas.

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