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Volver a volar juntos en tiempos de pandemia

Las aerolíneas temen que el miedo de los viajeros, las cuarentenas obligatorias, la exigencia de asientos libres o los reembolsos ahoguen su recuperación y pongan su modelo de negocio contra las cuerdas.

Un aeropuerto semidesierto. Solo un avión opera y un helicóptero comienza a sobrevolar la zona. Al aterrizar, un mensaje se oye por la megafonía del avión: “Tengan a mano el salvoconducto que les permite viajar”. No es una película. Ni estamos en Gilead, el país fundamentalista y autoritario en el que se ha convertido Estados Unidos en la serie El cuento de la criada. Es mayo en Ibiza.

Poco después de las diez de la mañana. Un niño corretea con la madre detrás para asegurarse de que no se acerca al resto de pasajeros, por eso de mantener la distancia por el riesgo de contagio de coronavirus. Aunque más tarde ella acaba dándose por vencida. A las once, todos los pasajeros están ya en sus asientos del vuelo UX 1707 de Air Europa entre Ibiza y Palma operado por Swiftair. Todos significa todos. Solo hay media docena de asientos libres en un avión con 68 plazas. Algunos viajeros miran con estupor el aparato prácticamente lleno. Y varios registran el momento en sus teléfonos móviles.

Uno de los viajeros explica que hace dos semanas, cuando voló a Ibiza por trabajo, iban menos de 10 personas. Pero la situación ha cambiado. “No me esperaba tanta gente en la vuelta, pero se nota que hay más movimiento de personas. Aquí lo de la distancia de dos metros no existe”, cuenta con preocupación. Un tripulante de cabina que realiza recorridos entre islas confirma el aumento de viajeros. Al igual que otro pasajero, Ezequiel Serrano: “En las últimas semanas he viajado varias veces por trabajo, y esta es la segunda vez que voy con el vuelo casi completo”, asegura.

Coger un vuelo estos días, algo que solo se puede realizar por causas justificadas (ir a la residencia habitual o por trabajo), se parece cada vez más a un acto heroico entre la vigilancia de la Guardia Civil para impedir las aglomeraciones y la presión de las compañías aéreas de maximizar su negocio. Un redactor de EL PAÍS realizó está semana seis trayectos en avión (de Madrid a Palma, y de allí a Ibiza y vuelta; y de Madrid a Barcelona y vuelta) para analizar cómo es la experiencia de volar en tiempos de coronavirus. Y la conclusión es que la mayoría de trayectos tienen aún baja demanda. Algo que no gusta a las autoridades por miedo a un rebrote del coronavirus.

Porque la nueva realidad que nacerá tras la pandemia pone en jaque la forma de viajar y de ocio habitual. Y también algunos modelos de negocio. Tal vez el temor que existe en gran parte de la población por la alerta sanitaria se diluya y las relaciones entre personas se normalicen. La llamada nueva normalidad se conjuga mal por el momento con la industria aérea por las dudas en torno a la ocupación de los vuelos. Es difícil diferenciar entre lo que los usuarios creen que son obligaciones y lo que las compañías interpretan como recomendaciones. ¿Debe haber distancia en un medio de transporte como el avión? ¿O no es necesario por el sofisticado sistema de circulación del aire de las naves que pregonan las aerolíneas? Esa es la cuestión que genera incertidumbre e irrita a algunos de los pasajeros cuando entran en un avión con casi todos los asientos ocupados.

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